
El pasado 18 de Enero mi sobrina Vanessa ingresó a la guardería y lo primero que tuvo que superar fue el famoso
“periodo de adaptación” que consiste en estar 4hr el lunes, 5hr el martes y 6hr el miércoles siempre en compañía de alguien de su familia por si se ponía loca la niña.
La idea es que el bodoque se familiarice un poco con el lugar y sobre todo que se mentalice (la mamá y la niña) a que por los próximos 6 meses va a pasar más tiempo ahí que en su casa.
El lunes le toco a su mamá y el martes a su papá, pero el miércoles me toco a mí acompañar a la pequeña Vanessa.
Todo iba muy bien, llegamos a las 7 de la mañana y después de que la revisara la enfermera para verificar que no tuviera temperatura, golpes, rabia, moquillo, etc. mi hermana me dio la bendición y subimos a la salita donde están todos los bebés de 2 meses a 1 año.
Apenas habían llegado 3 niños y en ese momento todo estaba muy tranquilo, por lo que pensé que iba a ser pan comido el pasar las 6 horas ahí en compañía de todos esos angelitos (a esa hora yo así los veía).

Poco a poco fueron llegando todos hasta que se completo el grupo: 17 en total (contando a Vane) y ya para ese entonces unos gateaban, otros se quedaban muy quietos en un solo lugar, algunos mas se peleaban por los juguetes pero nada que no pudieran controlar las 4 chicas que se dedican a cuidarlos.
Quince minutos antes de las 9:00am empezaron a soltar el llanto porque su tripa indicaba que ya era hora de desayunar. Yo ya me había comido mi torta de tamal así que lo demás no me importaba.
Las Misses (no me consta nada) comenzaron a trasladar a los niños a otra salita donde fueron sentando a los más grandes en unas periqueras y a los pequeñitos en unos bambinetos.
En lo que les colocaban su babero a todos, las señoras encargadas de la cocina llegaron con mamilas y charolitas individuales con papillas de colores (desconozco de que eran porque no me dejaron probar nada).

Para ese momento el llanto era general y si de por si es desesperante que un bebé llore….multiplíquenlo por 17 y de veras que es la locura!!!
A mí me toco alimentar a mi sobrinilla pero a los demás bodoques les iban dando de comer como podían y hasta eso se supieron organizar muy bien, siempre cuidando las debidas medidas de higiene.
Una vez superada la prueba del desayuno, pase a otra no menos estresante: el cambio de pañal, donde pude comprobar que los niños y niñas que estaban ahí no eran unos angelitos; sino unas bombas biológicas en miniatura…..y es que no es lo mismo oler una caquita a oler 17!!! Y ni aromatizante echaron, siquiera me hubieran avisado para llevar mi mascarilla antigases.
Una vez que las condiciones del aire fueron optimas, dieron paso a la hora de la siesta y poco a poco fueron cayendo en brazos de Morfeo todos y cada uno de ellos, pero poco me duro el gusto porque en menos de una hora ya estaban dando lata otra vez.
Así duraron hasta las 12 del día, cuando nuevamente rompieron en llanto porque el reloj ya marcaba la hora del almuerzo (a estas alturas del día yo también quería llorar junto con ellos).
Nuevamente se repitió la operación almuerzo y una vez que terminaron me dijo una de las chicas que iba a cambiar a mi sobrina para que ya nos pudiéramos ir (por fin!).
Yo no sé quien sufrió más, si mi sobrina o las misses, pero lo que sí es un hecho es que yo no me adapte.