
Pareciera que a veces el destino nos pone pruebas que en algo o en mucho cambian nuestra perspectiva de la vida. Ayer para mí fue un día de esos.
La mañana era fría y húmeda, la noche anterior había caído un chubasco torrencial, como hace mucho no sucedía. Al ir caminando hacia mi trabajo, un chillidito me detuvo en seco, mi natural curiosidad hizo que indagara de donde provenía el sutil llanto, antes de comprobar que era, ya lo suponía, en efecto, detrás de un viejo tronco, sobre un charco de lodo, dos pequeños gatitos recién nacidos, enfrentaban una batalla campal contra la muerte, solos, pequeños, flacos, temblando, expuestos a los perros y las ratas, así los encontré.
La sensatez me dijo que no podía hacer nada por ellos, pobrecillos, pero ni modo, yo no contaba con la posibilidad tenerlos conmigo, reanude mi andar a mi centro trabajo, que está 100 mts más adelante, pero cada paso que di, me peso como si llevara un grillete con una tonelada de plomo atado a los talones, al llegar a mi trabajo, busqué una caja, y como si fuera una autómata, regresé por ellos, sin pensar, sin razonar, sin medir las consecuencias de la responsabilidad que me estaba echando a cuestas, los tomé con toda la delicadeza que pude, y volví a mi trabajo con mi preciosa y pestilente carga, ¡ah que mal olian los condenados! Por suerte esa mañana, no tenía mucho trabajo que hacer, y contaba con los medios para darles mantenimiento a mis pequeños invitados.
Envié a un empleado por una bolsa de leche en polvo y traté de alimentarlos con una jeringuita, aunque los gatos me gustan, jamás en mi vida he tenido uno, bueno jamás he tenido ningún tipo de mascota, así que verme de repente convertida en madre sustituta de dos gatitos indefensos me hizo entrar en pánico, busque toda la información que pude por internet, y supe que los gatitos recién nacidos, no pueden tomar leche entera y comen cada 3 horas, entonces les di un té verde, que era lo único que tenía a la mano, recordando que la Tita (protagonista de Como Agua para Chocolate) había sobrevivido con tés cuando era pequeña, entonces, ¿Por qué no habrían de vivir mis gatitos tomando té?
Entre alimentarlos y limpiarlos me pase la mañana, lo que si sé es que los gatos no se bañan, así que me dediqué a limpiarlos con algodones húmedos, y toallas de papel, los inocentes tenían lodo hasta en los ojitos, dentro de sus orejitas, entre sus patitas, todos ellos eran una masa de lodo, me terminé 50 grs de algodón y casi 100 toallas, pero los pequeños quedaron rechinando le limpios, entonces la realidad me jaló los pies, y comprendí que no podía quedarme con ellos, no tengo ni el tiempo ni el espacio para darles una hogar.
Hice algunas llamadas, pregunté en veterinarias, en donde venden alimento para animales, en fin, que hable con medio mundo, en un lugar me dijeron que no recibían animalitos recién nacidos, que los llevara cuando tuvieran 2 meses, en otro me dijeron que si no los adoptaban en un mes, los ponían a “dormir”, también hablé a un lugar que le llaman “acopio para animales” y que resultó ser nada más y nada menos que ¡el rastro municipal! ¿Para qué acopian ahí gatos y perros? ¡Santo Dios!
No soy una mujer religiosa, pero le pedí a Dios que me ayudara para hacer lo mejor para los gatitos, entonces, ocurrió el milagro, y buscando un asilo en internet encontré un teléfono que resolvió mi problema.
Era un refugio civil para gatos, que se llama “Felinos y uno que otro perro amable”, ahí, tres ángeles se dedican a dar cariño, comida y protección a gatitos victimas del maltrato y abandono, en un ambiente limpio y tranquilo, la señora que me atendió me dijo que podía visitar a mis pequeños cada que quisiera, que en caso de darlos en adopción, se me daría el nombre y el teléfono de quienes se los llevan, y puedo visitarlos si así lo deseo. Claro que lo deseo, deseo saber que será de ellos y deseo que quien los adopte, sepa que son unos sobrevivientes, que su fortaleza me dio una lección.
La verdad, no sé que fuerza fue la que hizo que esa mañana levantara a esos mininos del lodo, para 5 horas después, dejarlos en un hogar sensacional.
Tal vez ese era el destino de esos pequeñines, y yo solo serví como instrumento para que ellos tuvieran una oportunidad de vida, no lo sé, solo sé que al dejarlos me miraron de una manera que me conmovieron hasta las lágrimas, parecían decirme “gracias” en su mirada vi ternura, agradecimiento, amor, en realidad y sin exagerar en su mirada vi los ojos de Dios, ahora creo que Dios, está en cada ser vivo, en la naturaleza, en la sonrisa de un niño y… en los ojos de dos gatitos, que gracias a su destino y al mío, las próximas noches dormirán en una tibia incubadora, y no en el fango como los encontré. Me sentí bien por ello y por mí.
Ya saben lo que dicen, hay gatitos que cruzan el pantano y no se manchan, y los míos, son de esos, en realidad son las aves, pero pues mis gatitos no necesitaron de alas para volar.
Por cierto si alguien vive en la zona de Morelos y desean adoptar un felino, con gusto les paso los datos o si no quieren adoptar, pero desean ayudar de alguna manera, también háganlo, con solo $150 pesitos, pueden ayudar a esterilizar, vacunar y desparasitar a un gatito, dándole una oportunidad para que encuentre un hogar en donde vivirá ronroneando alegremente.